Inspirar y Conectar 12 Aug 2025 2 min lectura 2 vistas

El mate como escuela de vida: lecciones de una ronda

Lo que aprendí sobre paciencia, comunidad y verdad con un termo de agua caliente.

El mate como escuela de vida: lecciones de una ronda
Por proffernandodasilva@gmail.com

Hay cosas que no se aprenden en la universidad ni en un curso de liderazgo. Yo las aprendí con un mate en la mano.

Porque el mate, para nosotros, no es solo una bebida caliente con yerba: es un ritual que enseña más de lo que parece.

En Corrientes, el mate es excusa para el encuentro. Te obliga a detenerte, a mirar a los ojos, a escuchar. No existe mate apurado: el agua debe hervir sin pasarse, la yerba acomodarse en su lugar, la bombilla encontrar su espacio. Es un ejercicio de paciencia, de respeto por los tiempos.


Lección 1: La vida no es solo tuya

Cuando cebás un mate, no pensás solo en vos. Pensás en el que está al lado, en que no se enfríe, en que el sabor llegue parejo para todos.

En un mundo individualista, el mate te recuerda que la vida se comparte. Que la ronda es más importante que el propio sorbo.


Lección 2: El ritmo importa tanto como el destino

Un mate no se pasa a cualquiera, ni en cualquier momento. Hay un orden, un respeto por la ronda.

La filosofía existencial me enseñó que el sentido de la vida no está solo en llegar, sino en el cómo. Y el mate es eso: una coreografía simple pero profunda, donde cada uno tiene su turno y el tiempo se honra.


Lección 3: Escuchar sin interrumpir

Cuando alguien toma mate, no habla demasiado. Escucha. Y cuando habla, los demás escuchan.

El coaching de vida también es así: el verdadero cambio empieza cuando alguien te escucha de verdad, sin querer adelantarte la respuesta.


Preguntas para tu ronda interior

  1. ¿Con quién estás compartiendo “tu mate” en la vida?
  2. ¿Sabés esperar tu turno o querés apurar la ronda?
  3. ¿Estás escuchando de verdad o solo esperando para hablar?

Cierre

En un mundo que todo lo mide en likes y velocidad, el mate nos recuerda que hay cosas que no se pueden acelerar. Que el calor no está solo en el agua, sino en el corazón que la ofrece.

Y que, tal vez, la felicidad sea tan simple como sentarse, cebar y escuchar.

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